10 marzo 2010.
Le recibieron a patadas en Gran Bretaña; un banco español que llegaba a las islas, a la capital de las finanzas, la City, para enmendar entuertos de otros. El Santander, presente en el mercado británico durante décadas, cometió la osadía de comprar a buen precio el Abbey, quinto o sexto banco británico por tamaño. Más aún, después de comprarlo tuvo la osadía de mejorarlo, hacerlo competitivo, ganar dinero y mejorar su posición relativa para convertirse en uno de los principales bancos comerciales de Gran Bretaña. El Santander se ha ganado la posición como uno más de los importantes, incluso con vocación de ser uno de los más grandes, rentables e influyentes.
El Santander fue socio y amigo durante muchos años del Royal Bank of Scotland, uno de los principales bancos británicos, y uno de los que más bajo ha caído en esta crisis, hasta necesitar una intervención y una vergonzosa nacionalización. El Santander se evitó disgustos a tiempo y salió del RBS antes de su desastre.
Ahora el RBS tiene que desprenderse de 320 oficinas y de un balance de unos 24.000 millones de euros, que no es moco de pavo. El Santander aparece entre los candidatos de más fuste para asumir esos activos y pasivos, para ampliar su tamaño y cuota de mercado en Gran Bretaña acercándose al nº 1 como banco comercial en las islas. Quizá eso sea demasiado para el orgullo británico, que uno del sur venga a enseñar a los papás a cuidar a los niños. Pero la posibilidad existe y los 4.000 millones de euros que cuesta la operación, buena parte para que el Tesoro británico recupere las ayudas prestadas al RBS, están al alcance del banco español que puede pagar eso y más y que, sobre todo, puede poner en rentabilidad esa red de forma inmediata.
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