La condena de Neira por conducir ebrio ha provocado una polémica política que, entre otras consecuencias, levanta la alfombra de los organismos públicos inútiles. Al tal Neira, por razones que no vienen al caso pero que, cuando menos, son arbitrarias, le encaramaron a una aparato burocrático inútil (a él y a dos personas más) con la gabelas de unos miles de euros a cambio de nada. Surgen varias preguntas:
¿Tan fácil es crear órganos inútiles? ¿Tan sencillo es disponer y gastar sin justificación? Este caso destapa prácticas irregulares que pasan como normales. El deseable rigor formal del sector público para gastar con control, para actuar conforme a principios de legalidad queda maltrecho.
El caso está prácticamente limitado, el consejo de gobierno de la comunidad disolverá hoy el órgano; pero merecería la pena revisar ¿Cuántos órganos semejantes siguen generando gasto? ¿Cuántos paniaguados están colgados del presupuesto? Alguien debería hacer algo.
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